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Cada litro que sale de una llave en México cumple, en teoría, el mismo estándar de potabilidad, sin importar si terminará en un vaso o en el riego de un jardín. Esa uniformidad tiene un costo: tratar agua hasta un nivel de pureza que la mayoría de sus usos no necesita. Cada vez más organismos operadores, en México y el mundo, adoptan un enfoque distinto: el fit-for-purpose water, o lo que Conagua llama aguas de diseño.
Beber, regar, limpiar o enfriar maquinaria son actividades con requisitos de calidad muy distintos entre sí. Tratar toda el agua al nivel más exigente, el de agua potable, implica gastar energía y presupuesto en una calidad que después se desperdicia en usos que no la requerían. Ajustar el tratamiento al destino final permite liberar agua potable para donde realmente hace falta, sin comprometer la seguridad de ningún uso.

Este reúso no es un ejercicio informal: está normado por la NOM-003-SEMARNAT-1997, que clasifica los usos del agua tratada en dos grupos según el nivel de contacto que tiene la gente con ella (por ejemplo, riego de parques o lavado de vehículos frente a riego de camellones o campos de golf) y fija, para cada grupo, límites de calidad e higiene distintos y verificables. Esta clasificación es, en la práctica, la base técnica de lo que se describe como aguas de diseño: no una sola calidad de agua tratada, sino varias, cada una vigilada según el uso al que se destina.
En el sur de California, West Basin Municipal Water District lleva tres décadas produciendo cinco calidades distintas de agua reciclada, cada una diseñada para un cliente específico: riego e industria, torres de enfriamiento, barrera contra intrusión de agua de mar, y calderas de baja y alta presión.
En Singapur, NEWater trata agua residual hasta calidad potable mediante microfiltración, ósmosis inversa y desinfección UV. Cerca del 94% de su producción se destina a uso industrial, sobre todo a manufactura de alta precisión, y hoy cubre hasta el 40% de la demanda hídrica del país, con la meta de llegar a 55% en 2060.

En Nuevo León, Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey distribuye agua residual tratada a 76 usuarios industriales a través de 160 kilómetros de red, para procesos productivos y riego de áreas verdes. Con financiamiento del Banco de Desarrollo de América del Norte, el sistema está en expansión, con el objetivo declarado de liberar más agua potable para consumo humano en una región golpeada por la sequía.
En León, Guanajuato, SAPAL opera la llamada línea morada: una red independiente que distribuye agua tratada para actividades que no requieren agua potable, y que busca ampliarse a más zonas de la ciudad en los próximos años.
Ninguno de estos casos implica relajar la vigilancia sobre el agua. Implica lo contrario: clasificarla con más precisión. No toda el agua tiene que ser potable, pero toda debe ser segura, estar sujeta a monitoreo y cumplir la calidad que su uso específico exige.
Si quieres saber si tu organismo operador ya distribuye agua tratada para riego, industria u otros usos no potables, puedes preguntarle directamente.
Fuentes consultadas